Tras despertarnos sin prisa esa mañana, nuestro host se despidió de nosotros invitándonos a las 17h a un resort de un amigo suyo que pillaba de vuelta de las cuevas para bañarnos en la piscina. Le dijimos que como las cuevas de Ellora se veían rápido allí estaríamos.

Tuc tuc hacía la estación de bus por 80 rupias

Nos vestimos y cogimos un tuctuc a la estación de autobuses, donde tras mucho preguntar y no aclararse, cogimos un autobús por 45 rupias (0’56€) cada uno que en 45 minutos nos dejó en el parking de las cuevas de Ellora.

Por el camino vimos el Fort de cerca que tenía bastante buena pinta pero que nos bastó con verlo desde el bus. Estábamos aún cansados del día anterior y ya nos sabía mal perdernos otra quedada con nuestro host que se portaba bastante bien con nosotros.

Al llegar, en la zona hay muchos puestos de comida, así que decidimos que parariamos a la vuelta, ya que pegaba mucho mucho sol y no queríamos que se nos hiciera muy tarde.

Pagamos las 600 rupias (7’4€) de la entrada, y como fuimos al baño, decidimos empezar por otras cuevas que no las primeras que estaban más concurridas.

Interior cuevas Ellora

Pese al calor, disfrutamos mucho de las cuevas de Ellora y los templos. De la 17 a la 29 que son las hindus, son bonitas pero más repetitivas, pero merece mucho la pena fijarse en los esculpidos y las columnas.

Las janies (de la 30 a la 34) están más lejos, siguiendo un sendero de unos 500 metros. Estábamos muy cansados, pero ya que estábamos allí merecía la pena hacer el esfuerzo.

Y así fue, ya que está muy recargada de esculpidos, diferente, de más pisos, nos deleitamos mirando a todas partes y nos gustó mucho.

La principal en las cuevas de Ellora

Por último volvimos a la primera, que cuesta hasta describirla, ya que es impresionante. Te puedes imaginar a la perfección como debió ser aquella pequeña metrópolis entonces. Las cuevas de Ellora nos gustaron mucho y merecieron mucho la pena.

Agotados tras unas 3 horas bajo el sol, pero satisfechos, fuimos a uno de los restaurantes. El plato de arroz, pan y las salsas fue más caro que la comida callejera, pero necesitábamos comer y una silla para recuperarnos un rato. Nos costó 190 rupias (2’34€) con una botella de agua. Luego probamos una especie de granizado que no nos gustó ya que se pasaron con él sirope.

Esperamos unos 30 min al bus, teníamos que pararnos a mitad camino, así que tras intentar entendernos con el chófer y aunque tuvimos ayuda, no fue fácil, pagamos 25 rupias (0’31€) y llegamos a la puerta del resort donde habíamos quedado con nuestros amigos. Conocimos a 3 amigos más, a 3 perros, nos bañamos, escuchamos música, nos duchamos y fuimos a un pantano muy bonito al atardecer.

Con nuestro host y sus amigos

Aunque lo más destacado fueron los monos y sus bebés y murciélagos del tamaño de dinosaurios. No me lo podía creer, eran enormes.

Conforme se fue acercando la hora de irse Carles se inquietaba. Ya sabes que tenemos malas experiencias con las horas y la pérdida de los transportes. Se lo dijo al host y sobre las 20h volvimos a la ciudad para recoger, pedir algo de cena para llevar (unas pelota con tallarines a la que nos invitó) y con el tiempo justo llegamos a la estación, nos despedimos agradecidos de nuestro host, y fuimos a preguntar cual era nuestro bus.

Nuestro nerviosismo empezó a crecer cuando llegó la hora y habían buses de todas las empresas menos de la nuestra. Empezamos a preguntar a todo el mundo a llamar a un número que no nos lo cogía, a preguntarle al host, a mi me llamó un número que no hablaba inglés y no supe lo que me decía… ya empezábamos a temer lo peor mirando a todas partes Carles lo vió.

Y es que por un momento se me pasó por la cabeza un: te imaginas que no para y sigue recto? Lo dije en voz alta, nos miramos (porque ya sabemos lo desgraciados que somos) y Carles empezó a correr hacia el bus. Efectivamente, no paró en la parada, siguió recto, y los muy cabrones se iban a ir sin nosotros. Menos mal que las experiencias nos han curtido en ya no fiarnos y poner 20 ojos.

Subimos al bus y nos indicaron nuestras camas. Bueno nuestra, porque resultó ser una grande. Nos resultó un poco extraño, ya que, ¿qué pasa si te toca al lado de algún desconocido? Pese a eso, la verdad que el autobús estaba mejor de lo que nos esperábamos.

Sleeping bus de Aurangabad a Indore

No había aire acondicionado tal y como elegimos, pero con la ventana abierta se iba bien y no se sentía tan incómodo. Cenamos e intentamos dormir. Con los botes que pegaba Carles apenas durmió por la tensión y el miedo de caerse de la litera. Yo tampoco descansé mucho, pero se estaba confortable al menos y la experiencia me resultó muy interesante.

Hicimos una parada a las 2 am a mear, y menos mal, porque yo ya me estaba planteando mear en la botella, por lo visto no hay wc en ningún bus de la India, se para una vez en 9 h a comer y mear.

O al menos con este así fue. Y al despertar estaríamos ya en Indore.

Autor

Profesional de la salud, bloguera y viajera empedernida.

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