Yo no dormí mucho esa noche por hacer algo de deporte y compensar toda la grasa y calorías que nos metíamos, pero es imposible dejar de probarlo todo. Además durante la noche me picó algo y me dió una fuerte reacción.

Nuestro host nos preparó un té y nos despidió tocando el piano. Pedimos un tuc tuc con la aplicación móvil de Ola, que es como uber aquí por recomendación de nuestro host que por 100 rupias (1’2€) nos llevó hasta la estación de autobuses dónde preguntamos por un bus directo a las cuevas de Ajanta y nos pedían unas 250 rupias (3€) por cabeza.

Estación de buses Aurangabad

Por suerte encontramos una persona que nos ayudó y nos dijo que podíamos hacer transbordo en un pueblo, hecho que nos venía bien para aprovechar comer algo y coger agua. Nos costó 95 rupias (1’17€) a cada uno.

Por el camino se ven bonitos templos pequeños en mitad de la huerta, cosa que nos parece curioso y no sabemos cómo funciona, si una por familia, si cada uno elige un dios al que hacerle el templo o qué, pero hay mucho contraste entre las chabolas y los templos.


Tardamos alrededor de una hora. En esta zona sobre todo creamos mucha expectación, imaginamos que en estos pueblos donde no suelen haber muchos turistas, nos miran fijamente, nos piden fotos, se agrupan alrededor de nosotros e intentan con lo poco que saben de inglés preguntarnos cosas.

Paramos a comer arroz, el triángulo de sándwich rebozado, bolas rebozadas y otras cosas fritas, tenía que dejar de comer tanto pero en la India es imposible y yo lo quiero probar todo.

Compramos mango para el camino y fuimos a la estación a coger el otro bus que nos costó 70 rupias (0’75€) cada uno. En los buses se levanta muchísimo polvo, por cierto.

Tras llegar a la entrada de las cuevas de Ajanta, un chico nos acompañó a un bus que costaba 30 rupias (0’37€) y salvaba los 4 km hasta la zona de las cuevas, donde tras pagar las 600 rupias (7’4€) de entrada y pasar los controles, entramos al camino de las cuevas.

Interior cuevas Ajanta

Durante ese camino y visitando las cuevas de Ajanta hay que calzarse y descalzarse para entrar a las 26 cuevas y templos budistas visitables. Hay muchos monos adorables (aunque tuve que tirarle la comida a uno que vino a por mi y por el camino solos nos perseguía uno) y todo el mundo nos mira fijamente y nos pide fotos, tanto que nos sentimos hasta famosos.

Monos en las cuevas de Ajanta

También, la gente te asalta por la calle para preguntarte de qué país eres todos dicen que es muy bonita España (aunque la mayoría no la ha visitado). Son un poco pegajosos y pesados los que nos hablan o los que solo nos miran fijamente.

Mueven mucho la cabeza de lado a lado cuando hablan, nuestro host nos dijo que es o porque asienten o porque no nos entienden muy bien (depende de la velocidad con la que la muevan).

Pero las cuevas de Ajanta nos gustaron mucho y mereció la pena el trayecto para visitarlas. Nunca antes habíamos visto nada parecido.

Interior cuevas Ajanta

Al salir, contamos que no nos quedaba suficiente efectivo para pagar todos los buses de vuelta, siempre nos pasa igual por gilipolleces, así que tuvimos que recorrer andando los 4 km a la salida y tras esperar 20 minutos por fin cogimos el bus.

Cabe decir que algunos, sobretodo los taquilleros son un poco desagradables, a parte de intentarte timar, en el viaje de vuelta nos faltaban 50 rupias (0’61€) por pagar y nos hizo bajarnos en el pueblo de al lado, sacar dinero y coger otro bus en una zona comercial abandonada de Ajanta.

El bus tardó una hora y media en llegar, a todo el mundo que le preguntábamos nos decía que pasaba en 5 minutos, pero nunca llegaba. Nos cobraron 300 rupias (3’7€), al final la putada de las 50 rupias nos había salido cara. Pero no nos dejaron ni pagar en dólares. El trayecto en bus fue brutal por el traqueteo y los botes que pega además de ir a oscuras.

Casi lo primero que suele preguntar la gente después que de qué país somos, es si estamos casados, nunca fallaba. Les decíamos que sí, que estábamos cansados de esa pregunta, pero el juego de palabras no lo pillaban, tal vez porque no hablaban español.

Llegamos casi a las 22h a Aurangabad y aún nos faltaba buscar cajero para sacar el efectivo que le teníamos que dar a nuestro host por los billetes de bus del día anterior y para pagar las cuevas de
mañana etc.

El super ya lo habíamos descartado por lo tarde que era, pero encontramos un mercado donde poder comprar algunas cosas. Andamos dirección a su casa durante 50 minutos buscando un cajero que nos permitiera sacar efectivo sin que nos cobrasen mucha comisión, probamos en 10 diferentes, en los que no nos dejaba sacar o nos cobraban 300 rupias.

Finalmente, tras comprar algo de cenar y otro vasito de caña de azúcar, pagamos 200 rupias (2’46€) de comisión por sacar dinero porque estábamos hartos y pedimos un tuc tuc que por 90 rupias y una discusión porque luego nos quería cobrar más de lo pactado (y eso que parecía el único de 4 a los que preguntamos que pareció entendernos algo), ni luego nos quería coger un billete arrugado y se enfadó con nosotros, en fin….


Caímos rendidos del cansancio. El host nos había invitado a ver una película a casa de un amigo, pero se nos había hecho tardísimo. Así que nos fuimos a la cama y a descansar, que al día siguiente íbamos a visitar las cuevas de Ellora.

Autor

Profesional de la salud, bloguera y viajera empedernida.

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