Nos despertamos cerca de las 10h de la mañana y pedimos el desayuno en el hotel por 1 euro que nos decepcionó un poco: una tortilla cutre con dos rebanadas de pan bimbo sin tostar y el té típico.

Realmente habíamos pedido los dos desayunos que ofrecían, uno para cada uno,  pero es imposible entenderse con los indios, muy pocos hablan inglés y los pocos que lo hablan cuesta mucho entenderlos. Así que salimos a por algo más, cogimos café, probamos el chass que era como la leche turca pero estaba algo mejor, costaba 10 rupias (0’12€), se podía beber pero Paula acabó dándoselo a una niña de la calle que le pedía comida. Los cafés costaron 25 rupias (0’33€) por cada uno y el mango que fue la única fruta que encontramos antes de volver al hotel costó 66 rupias (0’79€).

Tras adelantar cosas que teníamos pendientes del blog por la mañana en la habitación, salimos a medio día famélicos, al menos Paula, a comer algo por los puestos callejeros cerca del hotel. Comimos una especie de arroz especiado con una salsa de garbanzos por 30 rupias (0’36€) que estaba delicioso. También probamos una especie de pan con sobrasada por 20 (0’24€) y unas tortas con garbanzos por 30 (0’36€) también. Tras comer y beber algo fresco y mucha agua, nos fuimos a probar si podíamos comprar la tarjeta SIM.

Un plato de arroz en un puesto callejero

Fuimos a la tienda del día anterior, el hombre era muy serio, nos pidió 500 rupias (6€) no negociables, que además era el precio más barato para tarjeta de Airtel que habíamos encontrado, y el pasaporte. Con la tarjeta sim de movil de Airtel teníamos 1’5Gb de internet al día (no acumulables) y contaba con una precarga para hacer llamadas en la India durante 30 días. Se acordaba de que ayer fuimos, aunque  seguía muy serio pero inspiraba confianza y profesionalidad.

El proceso para adquirir e instalar la tarjeta sim en India para tener internet y llamadas es una movida, tardamos casi una hora, también porque iba atendiendo a otros clientes en el transcurso y porque pedían dirección, foto de la persona  de la persona que te lo vende, del pasaporte y la visa. Mil datos y mil registros, más la instalación. Aprovechamos y nos cambiaron el cristal templado del móvil  por 50 rupias (0’6€) cada uno. Al menos acabamos contentos con el servicio.

Luego fuimos al mercado donde Paula había visto cosas que le gustaron el día anterior, intentamos regatear, algunos se dejaron con demasiada facilidad, lo que nos dio a entender que aun nos estaban timando. El mercado estaba llenísimo, costaba andar por esa calle así que salimos de allí a por un café y algo de cenar en cuanto Paula quedó más o menos satisfecha con las compras. Aunque, claro, se lo hubiera llevado todo.

Paula de compras en Bombay

Yo cené de nuevo las bolitas de garbanzo que tanto me gustaron, por 50 rupias (0’6€), porque me pusieron dos raciones sin preguntar, y Paula pidió un smoothie de zanahoria, manzana y remolacha. Estuvimos buscando fruta o algún yogurt  pero no hay supermercados, solo puestos callejeros donde la gente come de pie, apenas hay incluso restaurantes donde sentarse.

Volvimos al hotel ya que teníamos que planificar los próximos días, coger el billete de tren nocturno para mañana por la noche irnos a Jaipur, etc. Pero finalmente no pudimos comprar online los billetes de tren de Bombay a Jaipur porque necesitábamos un código que no había manera de conseguir. Así que mañana iríamos a la estación y los compraríamos directamente allí.

El aire acondicionado estropeado de la habitación

Antes de descansar, bajamos un momento a protestar a recepción, pues el aire acondicionado estaba goteando bastante. Pero no nos hicieron mucho caso ni nos dieron ninguna solución, así que nos tocará, como siempre, reclamar al día siguiente.

Autor

Experto en marketing y publicidad, profesor de secundaria, viajero y bloguero.

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